Un poco de ambiente.


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martes, 19 de febrero de 2008

Reminiscencias

17 años. Casi 18. Y me siento cada vez pequeña en cada pantalón que uso, en cada polera que visto y en cada salida que hago. Y cuando te miro, realmente me siento nadie. Y cuando caigo de cuenta cómo son las cosas, ahí si, te digo, desaparezco.


Días antes del pasado 3 de abril. Definitivamente no me gustó ese día. Para nada. Me gustaría que me hubiese gustado. De verdad que sí.

jueves, 14 de febrero de 2008

Edvard Munch, help me

El otro día fui a Fantasilandia, la tierra de los juegos adrenalínicos y de chiquillos hormonales a full. Como no soy capitalina (desafortunadamente y afortunadamente) cuando cruzaba el Parque O'Higgins no sabía a dónde dirigirme. Haciendo uso de mi lógica dije: "Ok, cállate y escucha" y efectivamente, comencé a escuchar llantos desatados y gritos, muchos gritos descontrolados. Los seguí y llegué. Al primer juego que me subi fue a (por motivos de imagen este nombre se mantendrá en secreto, cualquier reclamo no lo intente), y estaba en pleno juego cuando comencé a darme cuenta de algo. Mientras daba vueltas, aparte de decir "quiero que pare, quiero que pare esta (inserte improperios varios)!!!!!!!, trataba de liberar mi energía, mientras mi amiga me decía en voz alta: "Grita!! Pero gritaaa!!!". Y ahí me di cuenta. No sé gritar. Trataba pero no pude; me subi a otros juegos, y nada. Creo que mis cuerdas vocales están en un paro permanente. Lo intento y me frusto, que voz más tonta. Hoy mi padre me ha preguntado que qué haría si alguna vez me asaltaran. Yo le he dicho que correría y gritaría. "A ver, grita" y fue suficiente para que mi garganta se convirtiera en un megáfono apagado. Fue con fuerza, pero no fue grito. Entonces, en palabras de Rosita Espinoza, ¿qué chucha es un grito? porque me basta y sobra con hablar fuerte, pero dicen que eso te hace sorda y daña tu gargante. Ah, pero el gritar no, un grito libera tensiones y siempre será una señal de alerta. El grito va a la universidad. El grito es capo en matemáticas. El grito saca puntaje nacional. El grito es genial, es cool, es la onda. Bueno, de todos modos jamás estuve en la dichosa onda, y para cuando mis cuerdas vocales se reintegren a mi sistema (para lo cual dejaré de leerles el discurso mapuche de que lo primero es nuestro ideal), lo primero será sentarnos a conversar en sillas separadas. Terapia armónica. Al menos, trataré de no elevar mucho la voz, se puede espantar. Es muy sensible, quizás no grita porque es demasiado sensible. Ahí veremos. Ah, y próximamente, también tendré que hablar con corazón. Late muy rápido como si estuviera apurado, pero yo sé que no va a ninguna parte. En fin, creo que es mucho estrés, tendrá que gritar. Ahhh... creo que necesitaré terapia grupal.