Es de noche (aunque no muy tarde como otras veces) y debo ir a dormir. No sé, últimamente los sueños que he tenido me han marcado mucho. Empezando con la charla que tuve con dios hace semanas y terminando con el sueño enfermizo de ayer. Todo se revuelve como un guiso asqueroso, frío y crudo en mi cabeza, pero que al final como con gusto, con mucho gusto. Siento colores y sensaciones que jamás siento en mi vespertino andar, que me hacen sentir una pequeña fascinación morbosa. Morado opaco, un vino gastado y sucio, negro y café mezclados como uno sólo y ojos de niños que sufren y gritan, y yo parada en medio de la puerta disfrutando el espectáculo. Soy un dios que sabe que es capaz de cambiar lo que allí sucede y no lo hace. Lo puede repetir y crear un espectáculo mucho más perverso que el anterior... perversidad que aún estando en esa nebulosa sé que no me es permitida. Me pregunto porqué acaso no seré capaz de desear otras cosas... como volar. Me encantaría volar, aunque sea en un sueño. Pero es como si no fuera yo la que sueña, y fuera otra sombra de mi imagen que deambula suplantándome. O quizás si soy yo, y eso es lo que en verdad me asusta de todo esto. Que sea yo la que se sienta a ser la artífice (y partícipe) de cuanta escena recree en el sueño. Pero si no soy capaz de aceptarlo, dudo mucho que otros sean capaces de entenderlo. Veré si puedo ser capaz de hacer algo más que convertir en dulces pesadillas estas fantasías.No quiero temerle a esto, quiero poder soñar sin miedo... y volar.









